Descubren más de 300 discos protoplanetarios en las nubes de Orión
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Descubren más de 300 discos protoplanetarios en las nubes de Orión

Un gran "vivero", es encontrado en Orión, por científicos de la comunidad internacional, lo que se considera como creador de futuras estrellas del cosmos

Por: Diana Palacios García

Un extenso vivero de la constelación de Orión, en el que crecen los embriones de futuras estrellas y discos protoplanetarios de los que surgen los planetas, es considerado como las nubes de Orión. Sin embargo, poder observar dentro de estas nubes de gas y polvo resulta muy complicado para los astrónomos.

No obstante, un equipo integrado por la comunidad internacional de científicos e investigadores ha logrado entrar al interior de estos viveros estelares y completar el mayor muestreo realizado de estrellas recién nacidas hasta la fecha, con más de trescientos discos protoplanetarios descubiertos.

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Descubren más de 300 discos protoplanetarios en las nubes de Orión.
Foto Pixabay

La revista The Astrophysical Journal, misma que es responsable de la publicación de los resultados, habla de la participación de científicos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC, España) y se ha hecho con ALMA (Atacama, Chile) y VLA (Nuevo México, Estados Unidos), dos de los radiotelescopios de mayor resolución y sensibilidad del mundo.

Según los modelos de formación estelar, el nacimiento de las estrellas comienza con la fragmentación de la nube: Cada fragmento sufre un lento proceso de contracción hasta que se forma el embrión estelar -o protoestrella- que crece acumulando material mediante un disco en rotación a su alrededor.

Al mismo tiempo, la estrella expulsa el material sobrante a lo largo de su eje polar en forma de un potente chorro, que estabiliza su rotación y permite que siga creciendo.

Aunque aún se desconocen diversos aspectos de estos primeros momentos de formación estelar, los radiotelescopios ALMA y VLA permiten observar etapas cada vez más tempranas del proceso “cuando aún conviven potentes expulsiones de materia con el desarrollo de discos a su alrededor, que son la semilla de posibles sistemas planetarios”, explica Ana Karla Díaz-Rodríguez, investigadora del IAA-CSIC y coautora del trabajo.

Este estudio, que ha descubierto cientos de sistemas planetarios en las nubes de Orión, “ilustra muy bien la diversidad de condiciones físicas en las que puede ocurrir este proceso”, informa Mayra Osorio, del IAA-CSIC, quien es la coautora del estudio.

Entre algunos otros aspectos, la muestra obtenida, ha permitido comparar la masa y el tamaño medio de los discos protoplanetarios jóvenes con discos en un estado más avanzado.

De la gran cantidad de imágenes de la muestra, los científicos destacan cuatro objetos, con una forma irregular y “grumosa”, y opacos incluso a las ondas de radio, lo que podrían ser indicios de que se hallan en un estadio anterior al de protoestrella.

Para definirse como una protoestrella típica, las estrellas no solo deben tener un disco plano a su alrededor, sino también el chorro bipolar que libera material, pero aún se desconoce en qué momento de la formación de la estrella se genera el chorro.

Por ejemplo, una de las estrellas del estudio, HOPS 404, muestra un flujo de material que se mueve a dos kilómetros por segundo, cuando la velocidad típica en estas estructuras es de entre diez y cien kilómetros por segundo.

“Estamos ante un gran e hinchado sol que todavía está acumulando masa, pero que acaba de comenzar a expulsar materia para perder momento angular y poder seguir creciendo. Se trata de uno de los flujos más pequeños que hemos visto, y se presenta como una de las primeras etapas en la formación de una protoestrella”, expresó Nicole Karnath, de la Universidad de Toledo de Ohio, Etados Unidos, autora principal de uno de los estudios.

Estos cuatro objetos son una rareza y, aunque los investigadores no pueden confirmar su edad, estiman que tienen menos de 10000 años, es decir, son objetos “verdaderamente jóvenes”, especialmente si tenemos en cuenta que en estrellas como el Sol, el proceso de contracción dura unos diez millones de años.

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