Las ratas saben jugar a las escondidas
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Las ratas saben jugar a las escondidas con los humanos

Según estudios de la Universidad Humboldt de Zúrich las ratas y otros roedores saben jugar a las escondidas con los humanos y no solo se esconden, también buscan 

Por: Karen Magallanes , EFE

Un estudio realizado por la Universidad Humboldt de Zúrich y publicado por la revista Science, apunta que las ratas y otros roedores saben jugar a las escondidas con los humanos. Tal parece que estos animales tienen muy bien desarrollado el talento de ocultarse pero también saben cómo buscar. 

El estudio que publica este jueves Science presenta un novedoso paradigma para el estudio de la neurobiología del comportamiento lúdico de los animales, indica la revista en un comunicado.

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Las ratas saben jugar a las escondidas. Foto: Pixabay 

Las ratas que aprendieron este juego infantil no recibían como premio alimento, sino que los expertos las recompensaban interactuando con ellas de forma divertida, como haciéndoles cosquillas o con caricias.

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Los científicos enseñaron a las ratas una versión simplificada del escondite adaptada a una versión entre roedores y humanos y bastaron unas semanas para que fueran capaces de jugar, tanto a esconderse como a buscar, "desempeñando cada uno de ellos con un elevado nivel de competencia", agrega la nota.

Cuando las ratas tenían que encontrar a un humano, lo hacían sin detenerse hasta dar con su escondrijo, mientras que cuando era su turno para esconderse permanecían quietas hasta ser descubiertas, explicó la firmante principal del estudio, Annika Reinhold.

Los experimentos demuestran su habilidad para las escondidas 

Los resultados muestran que "los animales se convirtieron en jugadores estratégicos que empleaban búsquedas sistemáticas, señales visuales e investigación de escondites anteriores de sus homólogos humanos".

Las ratas saben jugar a las escondidas. Foto: Pixabay 

A la hora de esconderse, los roedores, que mostraron su preferencia por meterse en cajas de cartón opaco antes que en otras transparentes, permanecían en silencio. Los autores también observaron en las ratas vocalizaciones únicas para cada rol del juego y las grabaciones neuronales revelaron una intensa actividad en la corteza prefrontal que variaba al ritmo de los eventos del juego.

 Las características inherentes del comportamiento lúdico en animales -libre, sujeto a reglas y sin beneficios más allá del juego- dificultan la evaluación aplicando los métodos tradicionales de la neurociencia, frecuentemente basados en un estricto control y condicionamiento, por lo que se sabe muy poco sobre la prevalencia o la base neural de los comportamientos lúdicos en los animales. 

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